Imagine que el único puente para salir de una isla se derrumba de repente. Esa es la crisis que enfrenta el programa espacial de Rusia después de que su única plataforma de lanzamiento tripulada, el cosmódromo de Baikonur, sufriera daños significativos. Tras el exitoso lanzamiento de la Soyuz MS-28, que transportaba una tripulación conjunta ruso-estadounidense, la plataforma quedó en mal estado. Aunque la agencia espacial rusa afirma oficialmente que es posible una reparación rápida, fuentes internas sugieren que los daños podrían detener todas las misiones tripuladas desde su única plataforma disponible por un período prolongado. Este contratiempo expone de manera crítica la fragilidad de la envejecida infraestructura rusa, ya mermada por la falta de financiación y las sanciones. En última instancia, esto amenaza las cruciales rotaciones de tripulación de la Estación Espacial Internacional y podría aislar aún más al otrora dominante programa espacial de Rusia.